08/03/2026

“La irrupción del crimen organizado nos obligó a cambiar la manera de trabajar con víctimas y testigos”

Jefa de Uravit Antofagasta, Tamara Farren Llantén, abordó los desafíos de la unidad frente a los nuevos fenómenos criminales que registra el país.

La protección de víctimas y testigos representa una faceta crucial, aunque menos conocida, de la labor que realiza el Ministerio Público, enfocada en salvaguardar a personas en situación de riesgo. 

Durante el último año, la Unidad de Atención a Víctimas y Testigos (URAVIT) de la Fiscalía Regional de Antofagasta brindó apoyo especializado a más de 6.000 personas, cifra que confirma la enorme relevancia de esta área del trabajo institucional.

La abogada Tamara Farren Llantén, jefa de URAVIT, explicó que hoy la tarea de entregar atención a estas personas se vuelve aún más compleja debido a la llegada del crimen organizado, que no solo ha cambiado las pautas de persecución del delito, sino que también las necesidades de quienes se ven afectados.

 

¿Cuál es el trabajo que realiza Uravit?

La atención de URAVIT no es solo jurídica, incluye contención psicológica para evitar la victimización secundaria (el daño que causa el proceso judicial en sí). Nuestra Unidad atiende, como dice el nombre, a víctimas y testigos de delitos, y lo hacemos principalmente en el ámbito proteccional y para facilitar la participación de las personas en el proceso penal, es decir, que aporten información, que declaren y que en última instancia se presenten a los juicios.

Cuando hablamos de protección, ¿a qué nos referimos?

La protección se enfoca en resguardar la integridad física y psíquica de quienes enfrentan riesgos, peligros o amenazas a consecuencia de un delito. Para el Ministerio Público, esta labor es tan prioritaria como la persecución penal, pues sin protección no hay confianza para que las personas declaren en un juicio oral.

¿Cómo se definen las necesidades de una víctima o testigo?

Se hace una evaluación de riesgo de la situación de la persona y su familia y, de acuerdo a eso, se toman las medidas correspondientes. Siempre en forma voluntaria, ya que cualquier medida requiere el consentimiento de la víctima o testigo. Nosotros podemos entregar medidas de seguridad inmediata, como otorgar un teléfono de emergencia, y también otras de mayor complejidad, como el traslado de domicilio o, en casos críticos, el desplazamiento fuera de la ciudad o región. 

¿Cómo ha evolucionado el trabajo de la unidad los últimos años?

Identifico dos cambios críticos. El primero es el impacto migratorio, que nos enfrenta a costumbres distintas y, a veces, a una mayor naturalización de conductas de riesgo. El segundo es el desafío del crimen organizado, porque sus víctimas difieren del perfil habitual. Al tratarse a menudo de migrantes irregulares, enfrentamos una fuerte resistencia a declarar o aceptar medidas de resguardo, lo que nos ha forzado a transformar nuestra manera de trabajar para ganar su confianza y proteger su integridad.

¿Son personas que desconfían del sistema?

Efectivamente, observamos este fenómeno con frecuencia en los extranjeros. Generalmente es una población que desconfía de las instituciones del Estado. Mientras que en Chile existe un nivel base de credibilidad en el sistema, al migrante le cuesta mucho más depositar su confianza en él. Como Fiscalía, somos parte de esa institucionalidad que ven con recelo, por lo que debemos realizar un esfuerzo adicional de sensibilización para que acepten nuestra ayuda y colaboren con la justicia.

¿Cómo se trabaja con esas personas?

En el caso del crimen organizado, el trabajo conjunto con ECOH es clave, ya que dispone de profesionales especializados en la psicología de este fenómeno. No se trata solo de un trámite, sino de una especialización técnica para generar vínculos de confianza. Mediante un monitoreo continuo de cada caso, hemos conseguido que víctimas y testigos que antes temían al sistema, hoy acepten nuestra ayuda. Este enfoque humano y profesional es lo que garantiza que la colaboración no se detenga y que las investigaciones lleguen a puerto.

¿Hasta qué minuto Uravit acompaña a las víctimas y testigos?

El acompañamiento de la unidad depende exclusivamente de las necesidades del usuario. En casos vinculados a bandas criminales, el apoyo puede prolongarse mucho más allá de la sentencia, si las condiciones de riesgo lo ameritan. Es importante entender que, para el Ministerio Público, proteger a quien declara es tan vital como investigar el delito. Es cierto que trabajamos bajo un marco de absoluta discreción para salvaguardar la integridad de las personas, pero esa falta de visibilidad no le resta importancia, por el contrario, es el pilar silencioso que permite que el sistema judicial funcione.

¿Qué valor le asigna al trabajo de Uravit dentro de todas las responsabilidades que tiene el Ministerio Público?

Legalmente, proteger a quienes intervienen en el proceso penal es tan prioritario como perseguir el delito. No existe una jerarquía entre ambas funciones. El hecho de que se hable menos de la protección se debe, sencillamente, a que trabajamos en un ámbito de alta sensibilidad donde la seguridad de las personas es nuestra prioridad absoluta. Esa invisibilidad mediática no resta importancia a nuestra labor, al contrario, es lo que permite que las víctimas se sientan seguras para colaborar con la justicia.

La protección de las víctimas es una prioridad entonces…

La eficacia de la justicia no se mide solo en condenas obtenidas, sino en la capacidad del Estado para proteger la integridad de quienes se atreven a testificar. En un escenario complejo, marcado por la mutación de los delitos y la presencia del crimen organizado, la protección de víctimas y testigos ha dejado de ser una labor asistencial para convertirse en un imperativo estratégico. Para nuestro Fiscal Regional, Juan Castro Bekios, esta función es piedra angular de la persecución penal: sin testigos protegidos y sin víctimas que confíen en el sistema, la impunidad gana terreno. Por ello, fortalecer esta área no es opcional. La discreción con la que opera la unidad es, en última instancia, el escudo que garantiza que el miedo no silencie la verdad en los tribunales.

 

  • Entrevista publicada en El Mercurio de Antofagasta

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